¿“Los argentinos del Sureste”? Por: Horacio Puerta Cálad

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¿“Los argentinos del Sureste”?

Por: Horacio Puerta Cálad

Esa es la pregunta que quiero intentar desatar, pues a los habitantes de Ciudad Bolívar parece no molestarles que los identifiquen con esa forma estereotipada de ser.

Sabido es que los argentinos tienen fama de ser muy “creídos” de sí mismos y de su nación, razón por la cual han sido objeto de estudio por quienes se ocupan de desentrañar el carácter de las personas, pues el “modo de ser argentino” está relacionado con el orgullo, y orgullo es “Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia”, según el Diccionario de la Lengua Española (DLE).

El psicoanalista argentino Gabriel Jure dice que el modo de “ser argentino” es una emoción que brota de unos logros reales, pero que hay otro “orgullo argentino” producto del narcisismo del que se acusa a los argentinos en el exterior, agregando que también suelen sentirse orgullosos de cosas en las cuales no han tenido participación ninguna.

¿En cuál de esas premisas se funda la idea que los habitantes de Ciudad Bolívar son los “argentinos del suroeste”?: ¿En sus muchos logros de progreso material y cultural, producto de su permanente esfuerzo de superación en el manejo de la cosa pública? ¿En lo que otros han logrado para sí como resultado de su propio esfuerzo? ¿En lo recibido de otros sin haber participado en ello? ¿En la vanidad personal?

Las pocas fuentes históricas a las cuales se puede ir a buscar indicios que justifiquen el llamado “modo de ser argentino” de los habitantes de Ciudad Bolívar no abalan tal apreciación, sino todo lo contrario.

Por ejemplo, saber que en 1867, a seis años de haberse fundado el municipio, sus habitantes tuvieron que renunciar a su condición de distrito porque no tenían personal idóneo para administrarlo, no sirve como prueba.

Tampoco sirve lo afirmado por Manuel Uribe Ángel en su Compendio Histórico del Estado de Antioquia de 1885, refiriéndose a los habitantes de Bolívar como muy proclives a las bebidas espirituosas.

Igual cosa ocurre también con lo dicho por don Tiberio González Vélez en la semblanza que en 1938 hizo del Presbítero Pedro Pablo Restrepo Velilla, Párroco que fue del municipio de 1905 a 1915, quien para sacar a los bolivarenses de “la indiferencia que tenían por el progreso público y personal”, tuvo que crear la liga de la temperancia para alejarlos de la dipsomanía.

Bastante esclarecedor es también lo afirmado en el Editorial del periódico local El Libertador de abril 28 de 1939, en el sentido de “que todo lo dejamos pasar con una paciencia digna de aureola; aquí no se oye una queja y nunca se firma un memorial pidiendo justicia; todo lo disimulamos con lagunas de silencio”.

En “El cancionero Antioqueño” publicado en Barcelona en 1929 por Antonio José Restrepo, “Ñito”, hay una copla que dice: “Concordia para dichosa, /Jericó para un enredo, /Andes para dar Tuntún, /Bolívar para dar miedo”. …¿A qué?

De esas caracterizaciones de Ciudad Bolívar hechas en distintas etapas de su vida, no es posible que haya brotado el tal súper ego atribuido a sus habitantes.

¿Qué puede ser entonces lo que está llevando a muchas personas a distorsionar su apreciación sobre el modo de ser de los habitantes del municipio?

Hace algunos años en la plaza de Ciudad Bolívar escuché a un médico psiquiatra comentar a su amigo el doctor Francisco Luis Uribe, ya fallecido, sobre la actitud huraña que decía observar en algunas personas que estaban sentadas en otras mesas, por tener, muy seguramente, _decía él_, una personalidad enconchada, retraída, o replegada en sí misma, que las llevaba a mirar al vacio, o hacia el corto horizonte que les posibilitaba el relieve montañoso que encierra la plaza.

¿Será que detrás de esos rostros adustos está la clave del llamado “orgullo argentino” atribuido a los habitantes de Ciudad Bolívar? ¿De las personas retraídas no se dice que son orgullosas por ser distantes en el trato? ¿O será que el encajonamiento montañoso del municipio sí influye en el carácter de sus habitantes, así esta tesis no sea muy aceptada por los estudiosos de estos temas?

¿Será por eso también que el acogedor espacio de la plaza es como un conjunto de nichos ocupados solo habitualmente por determinadas personas, como queriendo así evitar estar cerca de otras con las cuales no se quieren cruzar? ¿Uno de esos espacios no es llamado “El foro romano”?

La respuesta a esos interrogantes puede estar en el llamado “trastorno esquizoide”, utilizado por los psiquiatras para definir a las personas que son frías, distantes, introvertidas e indiferentes a la aprobación o a la crítica.

Pero una cosa sí es clara en todo esto: los habitantes de Ciudad Bolívar no tienen la idiosincrasia propia de los pueblos que cimentan su orgullo sobre un sólido sentido de pertenencia, avalado por el respeto y admiración que sienten por su pasado y su presente, condición necesaria para soportar el llamado “modo de ser argentino”, que equivocadamente se les endilga.

Baste con recordar que Ciudad Bolívar no guarda en el espacio de una pinacoteca la memoria de sus más sobresalientes personalidades, como tampoco ha exaltado nunca la memoria de los fundadores del municipio honrándolos con una placa, y menos todavía ha cumplido un acuerdo municipal de hace veinte años ordenando erigir un monumento digno a la memoria del padre de la Patria, de quien toma su nombre, y menos aún, se acordó de conmemorar en octubre de 2011 los 150 años de su fundación.

Esas, y otras manifestaciones más que podrían traerse a cuento, son prueba irrefutable de que el llamado “orgullo argentino” atribuido a los habitantes del municipio no tiene asidero en la realidad, porque en un pueblo sin memoria histórica, no es posible que brote sentimiento alguno de superioridad.

Al contrario, por la falta de un sentimiento de orgullo por lo propio, es por lo que los habitantes del municipio miran pasar de lejos, con pasmosa indiferencia, el rumbo incierto que los últimos gobernantes locales le han trazado al futuro de Ciudad Bolívar, en su cuaderno de bitácora.

Si eso no es así, ¿cómo explicar entonces que lo dicho en el Editorial del periódico El Libertador hace 74 años, de que “todo lo disimulamos con lagunas de silencio”, siga teniendo vigencia todavía?

Según el DLE, disimular es “encubrir con astucia la intención”; o “desentenderse del conocimiento de algo”; o “tolerar un desorden no dándole importancia”; o “disfrazar algo para que parezca distinto de lo que es”, actitudes personales estas que en nada ayudan a confirmar que los habitantes de Ciudad Bolívar sean los “argentinos del Suroeste”, pues el disimulo y la distancia no se pueden confundir con el orgullo.

Por último, esperemos que mis paisanos no se hayan tragado ese cuento desde el punto de vista narcisista, para que no les ocurra lo del dictador de Corea del Norte Kim Jong-un, que se creyó lo dicho por el periódico satírico estadounidense The Onion (La Cebolla) de ser el “hombre más sexy vivo”, hasta cuando se percató que había sido víctima de una tomadura de pelo, con ribetes de burla.

¡Despertad!

Acerca de Publibolivar

me gusta el periodismo, soy integrante de RED ANTIOQUIA y corresponsal de el Periódico El Suroeste, MINUTO30.COM Publiciclismo

Publicado el 1 de julio de 2013 en Entradas generales. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Sr Hernan,

    Muy interesante su análisis, soy de Bolívar, comparto y acepto en gran medida la critica q hace. Debe encaminarse el espíritu de grandeza por trayectos de humildad, nobleza y trabajo para disfrutar del exito con la altivez paisa de nuestro ancestros y alejarnos de los peligros del narcismo.

    Con fe en su carácter constructivo,

    Carlos Gonzalez

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