Venta de animales: desnutrición, hacinamiento y enfermedades

Historia

Maltrato animal

Por: KIEN&KE

“¡Pss!” “¡Pss!” “¡Pss!”, llaman varias jovencitas en un corredor rodeado de fruterías y cevicherías en la plaza El Restrepo –en la localidad Antonio Nariño– para atraer clientes. Eliza, al igual que las otras vendedoras de jugos y ceviches, viste ropa de colores vivos. Se acerca a los caballeros y les ofrece un jugo de borojó. A un lado, varios cangrejos se hallan amontonados en pequeñas peceras con poca agua. Pronto serán licuados para hacer jugos afrodisíacos. Con amabilidad, Eliza cuenta que detrás de su local están los animales en venta.

Atiborrados en jaulas de aproximadamente 50 cms. de largo por 40 cms. de alto, se encuentran reunidos animales de distintas especies. Se pueden ver desde cuatro patos encerrados con un gallo y una gallina, hasta siete perros en una jaula del mismo tamaño. Unos tienen la mirada perdida. Algunos duermen. Otros ladran o maúllan en medio de un olor fétido que inunda el lugar.

Maltrato animal
Algunas de las situaciones más evidentes en la plaza de El Restrepo son: “la desnutrición, deshidratación y parasitación” de estos animales.

Una persona pregunta por un gato y varios vendedores salen en bandada a ofrecerle sus animales.

–Le doy este que es cruzado con Siamés. También hay una camada y le puedo dar cualquier gatico criollo a $5.000 pesos. O llévese este que está grande, pero es muy bonito. Si lo quiere Persa le toca esperarse hasta el fin de semana.

A un lado se halla otro gato, algo más viejo, recostado en su jaula. No parecen importarle las personas, a quienes ignora.

Por el pasillo pasan varias familias que se detienen a mirar los pájaros, las gallinas, las chinchillas y los pavos reales. Estos últimos se venden por “$150.000 pesos ‘la parejita’”. Al vendedor de los pavos reales le preguntan por guacamayas y afirma que por encargo las puede conseguir en una semana.

Detrás de las aves están los peces. En una de las peceras grandes hay una imagen de la película Buscando a  Nemo y dentro se reproduce a los peces de este filme: un pez payaso y un pez cirujano.

–Son de muestra nada más.

–¿Pero me pueden conseguir uno?

–Sí, se lo traemos, pero no le puedo dar el precio ahora.

En otro corredor, uno de los vendedores llega hacia el mediodía y abre su local. Dentro comienza el chillido agudo de todos los animales y pronto el olor de los excrementos invade el lugar. Hay perros, gatos, patos. A la salida de ese mismo pasillo uno se encuentra con varias fritanguerías y restaurantes. Es la hora del almuerzo y están repletos de personas.

Maltrato animal
Un 40 por ciento de estos animales pueden estar enfermos, según Mauricio Caballero, biólogo. 

Esta es la plaza de El Restrepo, el lugar en donde se albergan la mayor venta de animales de fauna doméstica y salvaje de Bogotá.

Mauricio Caballero, biólogo, realizó un estudio sobre el estado de los animales en este lugar en el 2009 para el IPES (Instituto para la Economía Social), entidad que se hace cargo de las plazas de mercado del Distrito. Para esa fecha existían en la plaza de El Restrepo 34 locales de ventas de animales. Se estima que cada local en promedio alberga 200 animales. En algunos casos pueden llegar a encontrarse hasta 600 en uno de estos sitios,  y en otros 70. Los tipos de animales que más se venden allí son aves ornamentales, perros y gatos. Alrededor de 30 especies se comercializan en esta plaza, sin contar que aún es posible encontrar catálogos de venta de fauna salvaje, un comercio que sí es prohibido por la ley. La plaza alberga alrededor de 10.000 de los 12.000 animales comercializados en toda Bogotá.

Las otras plazas donde se desarrollan estas ventas son: 7 de agosto, 12 de octubre, Trinidad Galán, Kennedy y Las Ferias. La plaza del 20 de julio es el segundo sector en Bogotá en el que se encuentra la mayor venta de animales, con una cifra que se aproxima a los 1.500. El otro porcentaje de ventas se puede distribuir entre otros sitios autorizados como la Avenida Caracas con 57, veterinarias y en algunas tiendas de barrio distribuidas por toda la ciudad.

Mauricio, quien pasó varios meses en la plaza, afirma que las situaciones más evidentes fueron “la desnutrición, deshidratación y parasitación” de estos animales que en general se encuentran en “condiciones muy deplorables”. Así lo pudo comprobar el día en el que encontró dos cachorros que habían arrojado a la basura. Rescató a uno, pero a los pocos días murió después de vomitar algunos gusanos. “Estos casos no se presentan a la luz del día. Simplemente los domingos o en la noche los animales son botados”, cuenta.

Según Mauricio, un 40% de estos animales pueden estar enfermos. En algunos locales el manejo es mejor o peor que en otros. Las recomendaciones de cambio de agua, alimentación permanente y demás fueron realizadas en esa época por el IPES.

Maltrato animal
Según algunos animalistas falta voluntad por parte de las autoridades a cargo de proteger la fauna doméstica. 

La problemática de la plaza es complicada por la edad de los dueños de los locales, que oscila por los 49 años de edad. Además el negocio viene de varias generaciones atrás. La mayoría de los vendedores solo estudiaron hasta la primaria y el otro 30 por ciento hasta la secundaria. Entre 300 personas viven de este negocio en la plaza de El Restrepo, lo que hace aún más difícil la transición hacia otro empleo alternativo.

Andrea Padilla, directora de la organización Agenda Animal y vocera de  AnimaNaturalis Internacional, cree que el problema del comercio de animales domésticos es que no existe voluntad de parte de las entidades encargadas –como la Alcaldía, la Secretaría Distrital de Medio Ambiente, el IPES y la Policía Ambiental–. Tampoco hay quién se encargue del tema de fauna doméstica, porque la policía Ambiental sólo tiene reglamentada la fauna salvaje. “El problema es que no hay política de protección de la fauna doméstica. Nadie atiende a estos animales y en El Restrepo además hay un problema de salubridad para los animales y también para las personas cuando comen allí: todas esas excretas vuelan”.

En la ley  84 de 1989, que enmarca la protección animal para el país, se expone, puntualmente, que “se considera cruel toda privación de aire, luz, alimento, movimiento, espacio suficiente, abrigo, higiene o aseo, tratándose de animal cautivo, confinado, doméstico o no, que le cause daño grave o muerte”.

Medellín: un caso de respeto por los animales

Aníbal Vallejo, hermano del escritor Fernando Vallejo, es abogado y cofundador de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, donde trabajó por 29 años como profesor y decano. Dirigió el Palacio de la Cultura de Antioquia, entre otras instituciones de arte. La defensa de los animales fue una tarea que comenzó después de los 40 años: exactamente en 1985, cuando su vida cambió y, como él mismo dice, “se echó encima una carga muy grande”.

“La enorme carga” llegó en medio de un trancón cuando Aníbal se encontró con un perro herido con machete que yacía sobre el asfalto. Se detuvo, se acercó al animal, y mientras los carros le pitaban, lo alzó y se lo llevó. Desde entonces estudió toda la legislación posible acerca del tema de derechos animales en el mundo, se involucró en la Sociedad Protectora de Animales de la ciudad y desde 1989 la preside, no sólo en actos burocráticos, también maneja el refugio y la clínica, con la ayuda de su esposa, hijos y otros voluntarios.

Maltrato animal
En el Plan de Desarrollo Distrital 2012-2016 existe la promesa de que “se buscará la erradicación del comercio de animales en plazas de mercado…”

Él es la representación de un proceso mucho más exitoso de protección ambiental en Medellín, ciudad en la que la Sociedad Protectora de Animales fue creada desde 1917, para defender a los caballos que arrastraban el tranvía. De igual forma, en 1936 se formaron varias asociaciones de la sociedad civil para defender los animales a raíz de las ideas de algunos comerciantes extranjeros, sobre todo del sector textil, que se asentaron en la ciudad.

“La venta de animales en estas plazas viene de un proceso de cambio de comunidad rural a urbana; cuando el campesino llegaba a la plaza con sus animales y con su profunda creencia religiosa de que los animales están ahí para prestarnos sus servicios. Por eso estos comerciantes piensan que estos seres vivos son solo una mercancía y así los tratan”, explica Aníbal.

Sin embargo, este “rezago cultural”, como él lo llama, fue reglamentado hace mucho tiempo en Medellín, desde cuando empezó a prohibirse que a las gallinas las colgaran de las patas. Por el contrario, en Bogotá nunca existió una sociedad protectora animal que proviniera del Estado y tampoco “inspectores de animales” que realizaran un proceso de veeduría, como sí ocurre en la capital antioqueña. Allí tampoco hay un centro como Zoonosis. La política distrital es la esterilización y protección de los animales abandonados.

“Este es un problema cultural, un rezago ancestral, y educativo, con el que se cree que todo lo que rodea al hombre es para su conveniencia y para que lo explote. No entiendo porque si no se le pone un derecho de petición a la policía no actúan, si de oficio deben proceder. Pero no quieren más trabajo”, dice Vallejo.

Los animalistas

La tarea de defensa de los derechos animales en Bogotá la hace un sector de la sociedad civil en cabeza de los animalistas. Ellos asisten animales en distintas fundaciones, organizan protestas, interceden ante los políticos y se reúnen mensualmente con la policía Ambiental, que pertenece a la Dipro (Dirección de Protección y Servicios Especiales), para llegar a algunas soluciones conjuntas.

Estas reuniones con la policía Ambiental se hacen desde el 2009, cuando se difundió el video de unos policías que matan a una perra en Tuluá, Valle. El General Óscar Naranjo se comprometió en esa época con los animalistas y desde ese momento la policía Ambiental ha comenzado a escucharlos en estos espacios en los que se exponen todos los casos de maltrato animal en la ciudad: desde los vehículos de tracción animal, hasta los casos particulares de maltrato y la venta de fauna doméstica y silvestre. Sin embargo, la propia Policía aclara que en el caso de las plazas están atados de manos hasta que no se asigne un presupuesto para un centro de rehabilitación animal. “Si incautáramos mañana los animales: ¿a dónde los llevaríamos?”, afirmaron en la última reunión que se realizó esta semana.

“Falta definir qué es el maltrato animal, no hay recursos y los patrulleros no saben cómo actuar”, dice Alexandra Torres, de la fundación Caravanas de Amor. Por su parte, algunos miembros de la policía afirman que su institución es el único ente que se hace cargo del tema, pero no tiene presupuesto para lograr mayores cambios.

En la campaña a la Alcaldía, el actual alcalde Gustavo Petro afirma que en estas plazas no solo se debe reglamentar, sino prohibir la venta de animales. Así mismo, existe la promesa en el Plan de Desarrollo Distrital 2012-2016 de que “se buscará la erradicación del comercio de animales en plazas de mercado y se regulará el comercio de animales en establecimientos, generando alternativas de emprendimiento para los comerciantes”.


Se supone, por tanto, que en el Plan de Desarrollo del actual gobierno Distrital se contempla la construcción de un centro de rehabilitación animal, para el que se asignarían $4.800 millones de pesos, pero hasta el momento no se ha firmado ningún acuerdo con la Secretaría Distrital de Ambiente.

A pesar de sentencias como la 666 de 2012 de la Corte Constitucional, en donde se afirma que “se supera la anacrónica visión de los animales como cosas animadas, para reconocer la importancia que estos tienen dentro del entorno en que habitan las personas, no simplemente como fuentes de recursos útiles al hombre, sino en cuanto seres sintientes”, todavía no se ha logrado mucho en materia de derechos animales. Mientras tanto otros países latinoamericanos, como Perú y Bolivia, dan algunos avances en materia de derechos animales como la prohibición de los animales en los circos, pero en Bogotá aún no es claro quién tiene que hacerse cargo de la protección animal y muchos menos de la comercialización de la fauna doméstica y del mayor centro para su venta en la ciudad: La Plaza de El Restrepo. 

¿Cree usted que el comercio de animales debe acabarse en las plazas de mercado? Haga clic aquí para votar.

Acerca de Publibolivar

me gusta el periodismo, soy integrante de RED ANTIOQUIA y corresponsal de el Periódico El Suroeste, MINUTO30.COM Publiciclismo

Publicado el 3 de diciembre de 2012 en Entradas generales. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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